En un contexto de pobreza absoluta y analfabetismo generalizado, a finales del siglo XIX y principios del XX cientos de miles de gallegos emigraron a América con la esperanza de un futuro digno. Unos fueron a caer a plantaciones esclavistas de caña de azúcar; otros lograron vivir libre y dignamente, y algunos, enriquecerse.
Muchos de ellos, como Alfredo y Luciano López, lo hicieron con la mente puesta en Galicia y objetivos tan altruistas como contribuir a la formación de sus paisanos dotando de escuelas a sus localidades de origen.
En De La Habana ha venido un barco…, a través de los ojos de Moucho, vemos la epopeya, contada por él mismo, de un rapaz que embarcó rumbo a Cuba junto a otros infortunados muchachos y vive la dura experiencia del açucre. Años después, Moucho logra recibir educación y se incorpora a la labor de la Asociación Instructiva de Redes-Caamouco (Ares, A Coruña), promotora de la escuela de A Tenencia.
La novela, cuyo título evoca el popular juego de encadenar palabras «De La Habana ha venido un barco cargado de…» es, en suma, un homenaje a todos aquellos que impulsaron la alfabetización y la instrucción popular en una Galicia sometida por el poder de la Iglesia y el caciquismo.